Asumir o Resignarse

¿Por qué decimos asumir cuando en realidad queremos decir resignarse?

Nos pasamos la vida pensando o, aún más frecuentemente, oyendo a otros decirnos que tenemos que asumir algo: al hacernos adultos tenemos que aprender a asumir las consecuencias de nuestros actos, al hacernos responsables tenemos que asumir nuestros compromisos, al hacernos mayores tenemos que asumir las limitaciones de nuestra edad…

Y acabamos dando por hecho que asumir todo tipo de cosas (hechos, ideas, valores, comportamientos o situaciones) forma parte consustancial de nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, hace poco, un amigo me hizo caer en la cuenta de que, aunque el vocablo esté plenamente integrado en nuestro lenguaje habitual, no siempre utilizamos el concepto de la manera más apropiada y, en muchas (demasiadas) ocasiones en realidad lo estamos identificando con otra idea que poco (más bien nada) tiene que ver con aquella, como es la de resignarse.

Así por ejemplo, estas navidades, enfrentada por enésima vez a esos familiares que uno no traga y que desearía que viviesen en Marte, he tenido que escuchar, una y otra vez, la famosa frase: “tienes que asumir que fulanito es así y que no puedes hacer nada…”

Pues no, señores, al menos en mi caso particular, lo que en realidad me están diciendo las bienintencionadas gentes que me aconsejan no es que tenga que asumir el hecho de que fulanito sea así, sino que en realidad lo que me están recomendando insistentemente es que me resigne a aguantarlo.

Ya sé que, últimamente, nos resistimos a hacer uso de todo aquello que suene a la gazmoñería de unos tiempos no tan pasados como para haberlos olvidado, incluido el lenguaje, y que los conceptos que eran pilares fundamentales de la estricta moral judeo-cristiana que nos impusieron de pequeños están totalmente desprestigiados. Y que quizá sea por eso por lo que palabras como resignación hayan huido casi por completo de nuestro vocabulario habitual, por su asociación a la “resignación cristiana” con la que nos fustigaron durante décadas.

Pero eso no quiere decir que los conceptos no sigan existiendo.

Porque si no puedo hacer nada para cambiar las cosas, por más que luche, y la única opción es aguantar pacientemente a ese (o esa) impresentable (o maleducado/a, o estúpido/a, o cualquiera que sea el pecado que ese otro nos impone) lo que estoy haciendo, según el significado estricto de las palabras es, simple y llanamente, resignarme a ello.

Resignarse, según el Diccionario de la Real Academia, significa “entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”, o también “conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades”, lo que viene a decir, tal y como puntualiza María Moliner que resignarse es  “conformarse con una cosa irremediable, generalmente después de haber luchado inútilmente contra ella

Y eso no tiene nada (o casi nada) que ver con el hecho de asumir  lo que el dichoso fulanito sea (o diga, o haga, o deje de decir, o deje de hacer). Porque asumir, del  latín assumere, significa (según la RAE) hacerse cargo de algo o responsabilizarse de ello, en el sentido (apuntado por Maria Moliner)  de “tomar para sí algo que supone responsabilidad o trabajo

Así que, cuando me recomiendan encarecidamente que asuma que fulanito es así (o andando), lo que me están pidiendo es que, encima, sea yo la que me haga cargo de ello, y tome para mí la responsabilidad que haga falta…

¡Pues apañados vamos!

Claro que la resignación tampoco es gratuita, y en opinión de algunos terapeutas posee un valor autodestructivo tremendo.

Por ejemplo,  Emilio Jorge Atognazza en sus escritos sobre “Parejas tormentosas” dice que “Resignarse tiene que ver con un acto de sumisión, de mansedumbre, de ceder para no causar trastornos, para evitar discusiones o peleas” y eso es exactamente lo que ocurre en esas relaciones navideñas indeseadas, en las que se me pide que asuma que “fulanito es así”. De nuevo, ese “asumir” está mal utilizado, ya que lo que me están diciendo que haga coincide exactamente con la resignación de la que habla Atognazza.

Los peligros, según este autor, vienen luego, ya que, “cuando uno se resigna no acepta realmente que el deseo propio haya sido frustrado, y por ello, la persona resignada queda adherida al objeto perdido o jamás encontrado; no puede ni siquiera entrar en la etapa de duelo por ese objeto perdido. Siempre lo añora de una manera nostálgica, y la energía de la persona queda estancada en ese objeto imposible”.

No sé yo hasta qué punto esta segunda afirmación, en la que habla de un “objeto perdido”, será igualmente aplicable a esos otros sujetos a los que yo me refiero, que lo que deseamos fervientemente es perder, aunque me identifico plenamente con el hecho de que mi energía queda total y absolutamente estancada en ese “objeto imposible” (que en mi caso sería un desintegrador de partículas que, limpia y discretamente, trasladase a fulanito al otro extremo de la galaxia).

Tampoco tengo claro la aplicación de la recomendación final del autor para la resolución del conflicto, ya que para él, la vía es la aceptación del hecho, porque “cuando asumimos la frustración de un deseo ponemos en marcha un mecanismo de reconocimiento de que la realidad ES la realidad, que permite y favorece el proceso de duelo mediante el cual uno se despide para siempre de lo que no está o no pudo ser y la energía queda liberada para iniciar otro proyecto”.

Si lo que quiere decir Atognazza es que debo aceptar la realidad de que fulanito es un completo imbécil y que yo voy a tener que aguantarlo otra vez en navidades, su recomendación no me ayuda en nada… que era imbécil ya lo sabía yo hace tiempo, y saber que voy a tener que aguantarlo es lo que me frustra y hace que se me lleven los demonios… En cuanto a lo de liberar energías para iniciar otro proyecto, casi va a ser preferible que no ocurra, no vaya y sea que me dedique a pensar en bombas lapa que puedan colocarse debajo de la cama del susodicho…

Así que, por más que no esté de moda la resignación y pese a sus potenciales consecuencias negativas, una vez más, no me queda más remedio que aplicarla. Eso sí, negándome rotundamente a asumir nada de nada.

 

REFERENCIAS CULTAS

Asumir.

Definición:

RAE

(Del lat. assum?re).

1. tr. Atraer a sí, tomar para sí.

2. tr. Hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo.

3. tr. Adquirir, tomar una forma mayor.

 

María Moliner

(del lat. “assumere”)

1 tr. *Atraer a sí.

2 Tomar para sí algo que supone responsabilidad o trabajo; como funciones, cuidado, etc.: “Asumió la dirección del negocio en momentos difíciles”. Hacerse cargo. Arrogarse, avocar, recabar, reclamar. *Admitir. *Comprometerse. *Encargarse.

3 Aceptar la realidad de una cosa negativa o que puede tener consecuencias negativas: “Debes asumirlo y seguir adelante”.

Etimología:

Del prefijo ad- (aproximación, dirección, presencia) y del verbo sumere (recibir, tomar para sí mismo). Se refiere a lo que percibimos, o sea, llevamos hacia nosotros, pero filtrado por nuestros paradigmas (entendidos como los filtros que pone nuestro cerebro a la forma en la que miramos las cosas: suposiciones, conceptos, valores y experiencia previa).

Sumere viene del prefijo sub- (bajo) y el verbo emere (tomar, comprar). La idea de sumere es la de tomar (emere) algo “por debajo de la mesa”, es decir, en secreto y para uno mismo.

Sinónimos:

aceptar, admitir, contraer, responsabilizarse, comprometerse, adjudicarse, arrogarse, apropiarse, tomar, conseguir, lograr, obtener, alcanzar

  • Antónimos: delegar, dejar, rechazar, abandonar

 

Resignación.

Definición:

RAE

1. f. Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona.

2. f. Renuncia de un beneficio eclesiástico.

3. f. Conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades.

María Moliner: resignación

1 f. Acción de resignar un cargo, etc. Resigna.

2 Acción de resignarse.

3 Cualidad o estado de resignado. Conformidad.

 

María Moliner: resignar (del lat. “resignare”, devolver)

1 (“en”) tr. Hacer alguien *entrega de la autoridad o el cargo que ejerce a otra persona, en circunstancias especiales: “El gobernador resignó el mando de la provincia en el capitán general”. *Empleo.

2 (“a, con, en”) prnl. *Conformarse con una cosa irremediable, generalmente después de haber luchado inútilmente contra ella: “No le queda más remedio que resignarse con su ceguera. Se resigna a ser el último en todas partes”. Bajar a hacer!; a lo hecho, pecho; ¡qué remedio!, ¡cómo ha de ser! *Conformarse.

 

Sinónimos:

paciencia, mansedumbre, conformidad, humildad, conformismo, acatamiento, sumisión

  • Antónimos: rebeldía, inconformismo

 

Acerca de Coral

En otra época fui fotógrafa de jazz, aunque desgraciadamente, nunca pude vivir de ello. Colaboré como free-lance en diversos medios de comunicación electrónicos y digitales. Soy profesora universitaria y consultora de investigación, y en este año 2012 he leído, por fin, mi tesis doctoral. Me apasiona la tecnología y soy defensora a ultranza de los programas de código abierto.
Esta entrada fue publicada en general. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*