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La elección del fotógrafo

Marzo 4th, 2009

DESVARÍO PREVIO: ¿debería hacer dicho “de la fotógrafa”, para ser lingüisticamente correcta? Nunca sé que hacer con estas cosas. Cuando yo estudiaba gramática, el masculino servía como genérico para ambos sexos, aunque ahora parezca que está mal visto utilizarlo… Creo que la Real Academia debería tomar cartas en el asunto y eliminar de una vez por todas los indicativos de género que tiene nuestro idioma, para no tener que complicarnos tanto la vida (por ejemplo, este titular, según la corriente lingüística de lo político y socialmente correcto, debería haber sido algo así como “la elección del fotógrafo o de la fotógrafa”… lo encuentro cursi, ridículo y ¡¡¡un auténtico rollo!!!)

En el post anterior colgué una foto de Cuba para ilustrar el “cambio de aires” del blog y seleccioné y colgué otras cuantas en la galería. Al hacerlo, tuve dudas sobre qué fotos poner en la selección y estuve reflexionando un poco sobre lo que quería transmitir con mis fotos (principalmente las sensaciones e impresiones que me llevé de esa estancia) y sobre cuál era la mejor manera de hacerlo a través de la imagen.

No se trataba de una reflexión gratuita. En la misma semana en que hice la selección asistí a dos eventos relacionados con el título del post, “la elección y la interpretación de la imagen”:

En primer lugar, dentro de mi programa de doctorado, a una sesión del seminario sobre Documentación Audiovisual en la que se habló de la “lectura de las fotos e imágenes” y de las múltiples interpretaciones que pueden tener en función del contexto.

En segundo lugar, a un cine-forum en el que se vió y comentó Suite Habana, de Fernando Perez. No sé si la habéis visto (particularmente creo que si no habéis hecho no os habéis perdido gran cosa), pero se trata de una película realizada en tono “documental objetivo” (concepto en el que no creo, como más adelante os explico), que muestra 10 historias cortas de vida (un día en la vida de 10 personajes corrientes) únicamente a través de la imagen y de la música, sin utilizar ningún tipo de diálogo ni hilo narrativo evidente.

v_suite-habana

El debate se centró en la imagen de Cuba que se transmite a través de esas imágenes, en la supuesta intención del autor al escoger precisamente esas historias y esas imágenes y no otras, y en la interpretación que el espectador le da a la película y a las historias en función de su conocimiento y experiencia previa con la realidad social de la isla.

Lo que se narra en Suite Habana es, probablemente, una parte de la realidad cubana. No lo niego. Pero esa realidad no creo que sea la predominante.

Cualquiera que conozca un poco Cuba y que se haya paseado por allí con los ojos abiertos y sin demasiados prejuicios puede advertir que los personajes no son gente corriente y las historias no reflejan el modo de vida predominante en la isla. “Echo mucho en falta el Son y la música cubana, alegre y pachanguera, que forma parte de la realidad cotidiana de la gente” comentaba una de las asistentes al cine-forum. Echo en falta la alegría, la luz y la calidez de la gente que me ha rodeado cada una de las veces que he estado allí, digo yo misma.

Y eso supone la principal elección del cineasta, que nos da una visión en imágenes de solo ciertas realidades, sin tratar de hacer un panorama general. Y creo que se trata de una elección muy consciente – aunque en absoluto entro a juzgar, ni tan siquiera a imaginar sus motivos – porque podría haber mostrado cualesquiera otras historias y otros personajes, pero ha preferido centrarse en esos específicamente.

Es una película que juega a ser aparentemente neutra, pero en realidad solo es ambigua. La narración es aparentemente objetiva pero para la gran mayoría de los espectadores del “mundo occidental desarrollado” transmite un mensaje claro de tristeza, pobreza y desesperanza.

Creo que el director ha jugado con los estereotipos sobre Cuba sabiendo cómo y en qué sentido iban a influir en la interpretación que se daría a esas historias. Creo que sabía en qué medida desde fuera íbamos a tratar de hacer cuadrar esas imágenes con la idea preconcebida que ya teníamos. ¿por qué si no, casi nadie repara en que el protagonista de una de las historias, un hombre hecho y derecho, deja su profesión y su trabajo para dedicarse a cuidar a su hijo, y puede permitirse el lujo de hacerlo?, ¿quién de nosotros tendría aquí, en el “mundo desarrollado” esa posibilidad de elección?

No soy ninguna experta en Cuba, pero las impresiones y sensaciones que me traje de allí son radicalmente distintas al mundo que allí se muestra: Cuba en general y La Habana en particular representan para mí un espacio de luz, de música, de gente llena de espíritu vital y de un ambiente general colaborador y participativo.

Un ejemplo: las fotos generales de la ciudad. Son cientos de fotos las que se podrían tomar de la parte antigua de la ciudad, y son cientos también las visiones de la ciudad que tienes al contemplarla desde distintos sitios y en distintas condiciones de luz.

En la galería colgué algunas fotos con vistas generales del malecón (me encanta el malecón, está siempre tan lleno de gente y de vida que te puedes pasar horas paseando y observando sin ver dos veces la misma escena); por ejemplo, ésta. Como veréis, la corrosión debida a la constante humedad y al salitre que impregna toda la ciudad (la humedad relativa del aire supera habitualmente el 90%) , junto a la peculiar luz que había ese día le dan bastante énfasis a los edificios rotos, al descascarillado de la pintura y al aspecto “gris” de las casas.

Cuba Impressions by Coral Hernandez

Ahora, compararla con la que colgué el otro día en portada… ¿percibís las mismas impresiones de La Habana y de su famoso malecón en una y en la otra foto? ¿acaso no he tomado yo una elección, un determinado partido al elegir una y no otra?

Cuba Impressions by Coral Hernandez

Dejemos ya una vez el famoso mito de “una imagen vale más que mil palabras”. Resulta de una falsedad perversa. La “objetividad” de la imagen no existe y su interpretación depende del contexto en el que se inscribe. Y el contexto, cuando no contamos con conocimientos o experiencias personales sobre un tema, lo construimos a partir de los estereotipos que nos han transmitido otros.  En su mayoría, los estereotipos creados por las corrientes ideológicas dominantes (¡caray! como ha sonado eso… pero lo dejo…).

[Perdone el lector este tono tan filosófico que me está saliendo.  El hacer un doctorado en epistemología y fundamentos teóricos de la comunicación me está marcando. Creo que después de esta experiencia ya no voy a volver a ser la misma :) ]

En este contexto quisiera que mirarais las fotos que he colgado. Representan MI visión de fotógrafa. A vosotros os toca ahora elegir vuestra propia visión y sacar vuestras propias conclusiones.

En cualquier caso, espero que os gusten!

Acceso a la galería de imágenes de cuba

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Nuevos aires para Jazz Impressions

Febrero 28th, 2009
Imagenes del Malecón. La Habana, Cuba, 2006

Malecón de La Habana, Cuba, 2006

Como veréis, he cambiado el aspecto del blog, y estoy dudando si cambiar incluso el título.

He sufrido un serio ataque de hackers/spammers que me han bloqueado el blog durante dos días (además de robarme las cuentas de correo que tenía asociadas) y han conseguido casi volverme loca para arreglarlo.

Ya metida en el lío de rehacer el blog página por página, se me ocurrió aprovechar para darle un nuevo aire, con un nuevo diseño que espero que os guste

El cambio afectará también a los contenidos, que recogerán más cosas de esos otros proyectos no relacionados con el jazz que hasta ahora no he publicado, pero a los que voy dedicando cada día más tiempo.

Espero que os guste la nueva línea (y si no os gusta, ya sabéis que el blog está abierto a todas vuestras contribuciones, opiniones y comentarios)

Os espero!

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XXV Festival de Jazz de Madrid

Noviembre 27th, 2008

Este año, el Festival ha estado repartido en varios locales. Empezaré por la sección más oficial, la del Teatro Fernán Gómez.

No he ido ni a uno solo de los conciertos.

javier-limon-9.jpg

Como siempre en este tipo de teatros, los fotógrafos vivimos en una situación similar a la de ’siente un pobre a su mesa’: Solo cinco minutos de un tema para sacar las fotos y después, a la calle, a no ser que hayas comprado tú una entrada de tu bolsillo para poder quedarte a ver el concierto.
Es decir, lo tuyo no es arte, ni tiene nada que ver con la expresión artística que se muestra encima del escenario. Y como es un oficio manual y al parecer, poco cualificado, no requiere ninguna preparación y se puede hacer en esos cinco primeros minutos. Obviamente, para tu trabajo no necesitas estudiar al músico, ni las luces, ni la composición, ni nada de nada. Llegas, sacas la foto y te largas con viento fresco.

Así que, como ando un poco sensible y lo que me apetece es que me mimen y me digan todo lo que valgo, pues no estaba en disposición moral de ir al susodicho teatro a que me trataran como a un borrego.

Ya al final del Festival, me apetecía bastante ver a Javier Limón, del que no tenía ni una foto, pero seguía sin ganas de pasar por el aro de los cinco minutos, así que se me ocurrió solicitar permiso para sacar fotos durante la prueba de sonido. Pensé que, ya que de todos modos no iba a ver el concierto, por lo menos tendría la oportunidad de hacer mi trabajo en mejores condiciones.

Mi ex-marido se enrolló y me gestionó el permiso. El de las luces se enrolló y me encendió los focos. Los del periódico no se enrollaron, y finalmente no las publicaron…

Lo bueno es que eso me da la oportunidad de publicar aquí el resultado de la experiencia. Encima, me gustó lo que escuche mientras duró la prueba y disfruté de una pequeña parte del espectáculo.

¿qué más podía pedir?

javier-limon-15.jpg

Entrar en la galería y podréis ver más fotos del ensayo.

Por cierto, aproveché para probar un objetivo Nikon prestado, de los modernos con estabilizador de imagen, y ¡madre mía! ¡creo que no voy a devolverlo!

Espero que os gusten las fotos

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Y la vida (”bloggera”) sigue…

Noviembre 27th, 2008

Como he estado ausente varios meses, tenía serias dudas sobre la forma en que debía poner al día mi blog. Hubo momentos en los que incluso pensé en dejarlo. Cuando finalmente decidí seguir con él, me debatía entre continuar donde lo dejé, e ir introduciendo las cosas más o menos cronológicamente, o arrancar con la actualidad y obviar los meses de ausencia.

Al final, opté por una tercera vía. Voy a recomenzar la actividad bloggera con lo más reciente, el Festival de Jazz de Madrid, pero poco a poco, en los duros y largos meses del invierno, iré colgando algunas cosillas interesantes que ví y oí este verano, para que nos recuerden esos buenos tiempos en que hacía calor y andábamos todos pensando en las vacaciones.

Espero que os sigan entreteniendo mis fotos y mis comentarios y ya sabéis que acepto gustosa cualquier contribución que hagáis

¡No os cortéis!

Coral

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Sufrimos Mucho

Julio 3rd, 2008

Sufrimos mucho es el título de una grabación ya mítica en el jazz español (perdóname Ángel por tomarlo prestado)

[Angel Rubio, autor de 'Sufrimos mucho' en su casa de Ibiza, en septiembre de 2007]

En realidad, lo que quería contar no tiene nada que ver con Ángel, ni con su grupo Madera, ni con la música en general, si no con la fotografía de jazz y con lo mucho que sufrimos los free-lance que, como yo, tratamos de subsistir en el mundillo.

Empiezo por el principio: la fotografía de jazz no es rentable. Creo que ninguno de nosotros consigue vivir de esto. Los m?s afortunados consiguen vivir de otros tipos de fotografía o de algún campo relacionado con la imagen o el diseño gráfico. Los demás obtenemos nuestro sustento de actividades que no tienen absolutamente nada que ver con ello (la investigación de mercados en mi caso).

Eso significa que tenemos que invertir nuestro escasos ahorros en unos equipos profesionales o semi-profesionales caros de por s?, con el agravante de que precisamos de objetivos muy luminosos (y por lo tanto muy caros), ya que la iluminación de los escenarios jazzísticos suele ser punto menos que simbólica (la iluminación de los conciertos y el gusto de los técnicos de luces por las penumbras y los escenarios ‘tétricos’ merecerán entrada propia en un futuro próximo). Es una inversión a fondo perdido, que jamás logras recuperar con los exiguos emolumentos de las fotos que publicas.

Una vez asumido el gasto del equipo, está el tema de las publicaciones. Como eres free-lance, vas a riesgo: es decir, vas al concierto, sacas las fotos como puedes, las procesas, las envías y, si tienes suerte (pocas veces), las publicas. Esto así dicho, no suena a mucho. La realidad es bien distinta.

Primero peleas por conseguir la acreditación. Cargas con un equipo que pesa varios kilos sin tener ningún tipo de privilegio y te tragas las colas que haga falta, muchas veces sin tener seguridad de que al final de dicha cola vayas a conseguir el deseado pase de prensa. Llegas a un foso de fotógrafos atestado de gente, en el que tienen prioridad las televisiones y en el que al fotero le toca conformarse con lo que pilla. Eso si es que hay foso. Las más de las veces acabas a gatas a pie de escenario o por las esquinas, con el consiguiente disgusto de los espectadores que tienes alrededor, a los que les molesta tu presencia y el ruido de tu máquina. Para mejorar las cosas, cada vez es más frecuente que ?nicamente te permitan hacer fotos en los primeros minutos (uno o dos temas como mucho), por lo que el foso (o el pie del escenario) se convierten en un caos de fotógrafos tratando de conseguir un ángulo apropiado, con la máxima luz posible. Debido a la altura de los escenarios y a los micrófonos y monitores de sonido que hay en el frente, esos sitios son pequeñísimos, por lo que acabamos todos agolpados tratando de ocupar el mismo espacio. En realidad, no sacas las fotos, las sudas.

Al fin, llegas a casa. Descargas las fotos en el ordenador y las procesas. Con la escasísima iluminación, las posturitas que has tenido que adoptar y el hecho de que los músicos no sean estatuas, hasta que no ves las fotos en grande no tienes manera de saber hasta qué punto son buenas o malas. No es raro comprobar que, con una profundidad de campo casi nula (lo habitual es tirar con el diafragma abierto al máximo que te da el objetivo), el músico se movió unos centímetros (sí, he dicho bien, centímetros) y tan solo te ha quedado enfocada la mano. Hay veces que el efecto resulta muy bonito (muestra de ello es la última exposición de Javier Nombela, donde la mayoría de los focos se centran en los instrumentos, no en los músicos, pero eso es otra historia). Otras veces, arruina por completo la toma.

Luego entramos en el tema de la publicación. Siempre resulta frustrante. Siempre.

Hay quien no paga por las fotos. Tu ?nica recompensa entonces es que las reproduzcan bien, que te las firmen y que luzcan… cuando al redactor, al responsable gráfico o al maquetador les da por ser creativos, te han hundido. Te encuentras tu foto alterada (en colores, en encuadres, en tonos…) e incluso manipulada. Maldices la popularización del photoshop y las máscaras y efectos que trae incorporados y te comes la frustración, básicamente, porque no puedes hacer otra cosa.

Hay quien si que paga. Entonces es aún peor. Las tarifas actuales son inferiores a las que cobraba en el Ya hace más de 20 años. Patético. Por supuesto, esos jamás te dan la más mínima información (datos básicos como si eres el único que va o hay varios foteros del mismo medio, si tienen más o menos espacio, si va a ir en vertical o en horizontal… parecen tratarse como secretos de estado), y de ningún modo se comprometen contigo (los otros no mucho más tampoco). No tienes la menor garantía de nada. Simplemente envías las fotos y que Dios reparta suerte.

Puede ocurrir que cuando veas el artículo está tu foto, más grande o más pequeña, o que hayan decidido no poner imágenes, o que est? la foto de otro. En este último caso, rezas porque sea de otro free-lance como tú que esta vez haya tenido más suerte. La opción de que haya sido un fotero de plantilla al que el jazz le importa un pimiento y que ha ido allí porque lo han mandado te resulta insoportable.

Podéis juzgar por vosotros mismos.

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Reflejado

Julio 2nd, 2008

Tete Montoliu, a quien muchos han olvidado ya, o eso me parece, era, como todos los genios, un ser contradictorio y puede que caprichoso. Podía ser un depredador, según y con quien, o un corderito, cuando se juntaba con su compañera sentimental de entonces. Carmina, que falleció en 1991, compartía sus sentimientos hacia el pianista con un desconcertante fervor que profesaba hacia un perrito de lanas con el que viajaba a todas partes y que Tete odiaba en lo más íntimo de su ser. Sería por ello que el bicho tenía la afición de subírsele a las barbas y por todo su cuerpo, pero él no decía ni “mu”.

La presente foto (febrero de 1985), la realizó su autora desde las alturas del colegio mayor San Juan Evangelista, sobre el escenario, lo que permite apreciar el suelo de tarima original y los inolvidables cortinones al fondo tras lo que todo era negrura. A la derecha, asoman los archiperres de la batería de Clyde Lucas; en el centro, Tete y Niels-Henning Orsted Perdersen, y la imagen del segundo reflejado en la tapa del piano sin retoque alguno y con una nitidez impropia de la era pre-photoshop. Decir que, cuando la vio, Carmina se sintió arrobada es decir poco. Le privó. Y si se hubiera limitado a pedir copia de la instantánea, todavía. Pero es que se empeñó en obsequiar a su autora con otra copia dedicada por los retratados.

Naturalmente, la firma de NHOP podía entrar en nuestros cálculos, no así la de Tete quien, por si alquilen ignora el dato, era completamente ciego. La situación se nos antojaba un tanto violenta: aún así, todos nuestros ruegos fueron en vano. Carmina cogió la mano de su amado, la guió por entre las luces y las sombras y, de este modo, estampó algo que se parece mucho a la firma de un niño. Cumplido el trámite, dimos las gracias encendidas a los co-firmantes y a su ayuda de cámara y tomamos las de Villadiego. Y Tete, ni “mu”.

Veintitrés años después, aquellas firmas apenas visibles vuelven a la vida. Bendito photoshop.

Chema García Martinez

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Chet Baker. Su foto favorita

Julio 2nd, 2008

Por aquel entonces, recuerdo, habían recién editado un libro con fotos de Chet Baker de William Claxton y, entre otras, una de Federico González, que era como poner una pica en Flandes, pero más, aunque él no diera importancia al hecho. Entonces Chet no era el mito que es hoy, como no lo eran Sun Ra ni Bill Evans ni ninguno de los que veíamos sobre los escenarios de cuando en cuando y hoy son objeto de la adoración un punto enfermiza.

Aquella mañana me personé en el hotel Los Galgos, en Madrid, con sendas copias de la misma foto del trompetista traídas del diario Ya, en el que colaborábamos la autora del blog y de la fotografía en cuestión, y quien suscribe. Casualitas casualitatis, a las puertas del establecimiento se encontraba el trompetista “in person”, que ni tenía concierto en Madrid ni tampoco en sus alrededores. El clásico “día tonto” en medio de una gira.

Conocía a Chet de antes y le apreciaba como el “gentleman” que realmente era, aunque ello no cuadre con la imagen que tienen de él quienes no le trataron. Su expresión al contemplar la instantánea en cuestión fue de desconfianza, primero, y de algo muy parecido al asombro, después. Permaneció un lago rato contemplándola: “esta es la primera fotografía mía que me gusta en mucho tiempo”.

Llegamos a un acuerdo por medio del cual yo le haría entrega de una de las copias y él me devolvería la otra, dedicada. Y así hicimos. Chet desapareció feliz y contento con su fotografía y yo partí no menos feliz y contento con la mía, que entregué a su autora.

Durante años he tratado de comprender lo que el retratado vio en una instantánea tan expresiva como pudorosa. Pudo ser esa inclinación tan a contra moda de la fotógrafa de fijar su atención en la expresión antes que en la cicatriz; su interés en retratar al ser humano y dejar de lado al mito. Su ejercicio de modestia y sensibilidad encontró la respuesta adecuada.

Chema García Martínez

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John Zorn en el Joy Eslava

Junio 22nd, 2008

John Zorn es un músico polifacético, metido en innumerables proyectos de todo tipo. Con la tendencia actual de ponerle etiquetas a todo, los eruditos se quedan sin palabras para clasificarlo. Al Joy Eslava acudió con el proyecto Moonchild. Según unos, es nu metal, según otros, post-no-se-qué; la categoría más genérica la da wikipedia , que lo califica como uno de los máximos exponentes del ‘noise-music’. Todo esto os lo pongo como referencia. A mí, la verdad, me da exactamente igual como le llamen.
El caso es que llegamos al Joy. Una cola inusitada para recoger las entradas (agotadas) y las invitaciones. En la cola, una mezcla variopinta de ‘heavy’s’, modernos y alternativos de varias clases y algunos – solo unos cuantos – jazzeros. Alrededor de la cola, jovenzuelos y guiris mochileros con carteles en español e inglés pidiendo entradas sobrantes. El espectáculo estaba servido.
Una vez dentro, me dispuse a ocupar mi lugar habitual cerca del escenario, por aquello de las fotos, pero una vez vista la ‘masa enfervorecida’ que ocupaba la pista, sal? huyendo hacia la platea, arrastrando conmigo a mis acompañantes (Gómez, Gómez y García, para más señas). En la planta de arriba, una mezcla aún más variopinta si cabe: un grupo de tatuados hasta las cejas a mi derecha, parte de la crítica oficial del jazz a mi izquierda y todo tipo de fans en el frente, ocupando totalmente la barandilla y los dos escalones de acceso a los asientos, para no perderse ni un solo gesto…

Después de una espera demasiado larga, cuando ya la parte más seria de la audiencia comenzaba a dar signos de algo más que impaciencia, se apagan las luces y comienza el concierto.

Os diré que a mí personalmente me pareció bastante ‘blandito‘ y con demasiadas concesiones a la galería de entregados que se afanaban en grabarlo todo con sus móviles.

Muchos gritos, mucha parafernalia del cantante, que logró introducirse el micrófono hasta media tráquea, pero todo ello medido y pautado al milímetro, siguiendo un guión estricto (¿o debería decir partitura?) y sin el más mínimo espacio para la improvisación, ni para el supuesto descontrol que simula dominar el espectáculo.

Pero ¿dónde está John Zorn?

Al rato, comienza a cundir el desaliento en las filas de los jazzeros. El tiempo avanza y John Zorn no aparece por ningún lado. Uno de nuestros Gómez, pretextando que iba a dar una vuelta más cerca del escenario, es la primera baja (después sé que comentó que pobres de nosotros, que nos tuvimos que quedar hasta el final).

Gómez, García y yo nos lo estamos pasando en grande contemplando ambos espectáculos: el del escenario y el otro, mucho más interesante, que se desarrolla a nuestro alrededor…

Las masas de abajo se enfervorizan, el cantante se crece y se adueña totalmente del escenario… y John Zorn sigue sin aparecer… La susodicha crítica seria abandona el local protestando por la tomadura de pelo...

Se acaba el tiempo. Por fin aparece John Zorn para saludar junto a los músicos: su papel en esta historia no está en el escenario, sino en la mesa de sonido (amén de en la composición y dirección musical). Delirio general del respetable y desparrame de flashes, pantallas de móviles iluminadas y grabaciones de video ‘caseras’

Finalizado el saludo, desalojo casi inmediato azuzados por los ‘gorilas’, que tienen prisa por despejar a un público que, por las miradas que nos dedican, parecen considerar ‘indeseable’ y desean cambiar apresuradamente por otro más acorde con el local.

Entramos a saludar a John, que está contento y satisfecho por cómo ha ido todo. Agradece la felicitación que le hacemos, nos pregunta con un guiño si nos ha gustado su actuación y, por si no lo habíamos captado, nos explica que su función está detrás, en el sonido y en las mezclas.

Nos lo hemos pasado bien y el chocolate con churros de San Ginés contribuye a dejar un agradable regusto.

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Bienvenidos!

Junio 8th, 2008

Esta es la primera vez que escribo algo en un blog, aunque mi intención al crearlo no ha sido precisamente la de escribir, si no la de ir subiendo mis fotos de jazz

¡Espero vuestra participación y comentarios!

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