La construcción

No es nada nuevo el decir que estoy en el proceso de recomenzar y reinventarme.

Está siendo un proceso largo, mucho más de lo que esperaba, aunque supongo que es necesario que sea así…Pensándolo en términos abstractos, es asombroso lo rápido que se destruyen las cosas y lo lento que luego resulta reconstruirlas.

Un buen equipo de demoliciones puede tirar abajo un edificio en apenas un instante, utilizando explosivos, o en unos días si procede a desmantelarlo pieza a pieza. Sin embargo, su reconstrucción suele llevar años. Fijaros si no en el caso del edificio Windsor: se quemó en un par de días (12 y 13 de febrero de 2005); se demolió en cuatro meses (entre abril y agosto de 2005), pero su reconstrucción ha llevado cinco años (desde el 2007 hasta el 2011), a los que habría que añadir los dos años de impasse, en los que no se sabía muy bien que hacer con los restos de la torre. Es decir, estamos hablando de un plazo de destrucción de seis meses (febrero-agosto 2005) frente a un plazo de reconstrucción de seis años (2005-2011).

File:Windsor-tower-madrid.jpg

Incendio de la Torre Windsor By Mdiagom (Own work) [GFDL, CC-BY-SA-3.0 or CC-BY-SA-2.5-2.0-1.0], via Wikimedia Commons

La diferencia es que, en un edificio, te puedes permitir el lujo de partir de cero y volverlo a hacer desde sus cimientos, mientras que las personas partimos de una edad y de una experiencia que no puede ser “reseteada”.

En este nuevo año que está a punto de comenzar, seguiré con las labores de reconstrucción.

Quedáis invitados a participar de ellas.

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Fotografías familiares

Nunca había entendido qué es lo que hace a cualquier persona sensata convertirse en un maníaco capaz de hacer cientos y cientos de fotos en cuanto tiene una cámara digital en las manos.

Hasta ahora.

Aunque me hubiera pasado al formato digital hace ya tiempo, siempre había mantenido una aproximación a la fotografía de tipo analógico: uso reflex digitales, pero del tipo más parecido que encontré a una cámara analógica (misma marca, mismos objetivos y similar funcionamiento). Quizá por eso, las seguía utilizando casi del mismo modo que las analógicas y aunque sí es verdad que sacaba algunas fotos más que con el carrete, la diferencia siempre fue pequeña.

Como decía antes, hasta ahora.

Tengo una nieta preciosa y con los niños, ya se sabe, las mejores fotos son siempre las improvisadas; las que captas en ese particular momento en que tiene papilla hasta en las cejas, o cuando, de improviso, comienza a andar suelta por primera vez… Y si en esos momentos no tienes la cámara a mano, el momento pasa y ya no vuelve… Pero la reflex pesa y abulta mucho y es incómoda para llevar habitualmente encima, así que me decidí a comprar una pequeña compacta para llevar “en el bolso”.

Elegí una que me daba “buen aspecto”: 14 Megas de resolución, zoom óptico 10x, gran angular equivalente a un 25mm, pequeña y ligera, y que se puede poner casi totalmente en “manual” para poder jugar con los ajustes de velocidad y diafragma, modos de enfoque, etc.

Saqué las primeras fotos y todo parecía cuadrar con lo que quería. El resultado una vez descargadas las fotos y vistas “en grande” era un punto más que aceptable, así que comencé a llevarla literalmente en el bolso, para tenerla a mano en cualquier momento.

Y así, inadvertidamente, entré a formar parte de ese grupo insoportable de fotógrafos “familiares” que martirizan a todos los que tienen alrededor con sus constantes instantáneas.

No fui consciente del hecho hasta que, en una reunión de amigos, cuando me quise dar cuenta llevaba hechas más de 60 fotos (cosa que jamás me habría ocurrido con una tradicional analógica). Me sorprendió, y comencé a preguntarme qué era lo que había pasado para cambiar de forma tan radical mis costumbres.

Y al reflexionar sobre el tema y someterme a rigurosa auto-observación mientras usaba la cámara, de pronto, sentí el horror de la verdad: la cosa no está en la cámara, ni en el hecho de que sea digital, si no que tiene que ver, simple y llanamente, con la avanzada edad de la usuaria. ¡Me he hecho vieja para ese tipo de cámaras!

Me explico.

Las compactas digitales no tienen visor y tienes que tirar la foto según lo que ves en la pantalla de la parte posterior. Eso es ya en si mismo un poco incómodo, porque si hay mucha luz, o algún reflejo, la pantallita se vuelve casi invisible. A ese pequeño inconveniente se añade que no son tan rápidas como las analógicas y se produce un pequeñísimo lapso de tiempo entre que disparas y la foto se graba en la tarjeta de memoria (hablamos de milisegundos, y depende mucho de la tarjeta de memoria que le pongas, pero la diferencia existe).

Pero es que en mi caso (y aquí viene lo “gordo”), a esa incomodidad se añade la presbicia propia de mi edad, que me obliga a llevar gafas para ver de cerca. Y si me pongo las gafas para mirar la pantallita, no veo nada de lo que ocurre fuera de ella. Y si lo que estoy pendiente es de la realidad circundante, de la pantallita veo, aún sin luces ni reflejos, apenas un borroso atisbo de lo que estoy sacando.

Resultado, que como no veo lo que fotografío, y además soy consciente de que, por el retardo en el disparo, algunas fotos no salen como deberían, de forma inconsciente estoy duplicando y triplicando los disparos, sacando un montón de fotos similares “por si acaso”. Y menos mal que lo hago, porque después de descargadas y revisadas en el ordenador con las gafas puestas, siempre acabo descubriendo que la mitad de ellas no son en absoluto como yo esperaba: el encuadre no es bueno; el sujeto se giró o se movió y tengo un perfecto plano de su nuca o de su codo; fulanito está movido; menganito aparece ensombrecido por una mancha en el objetivo de la que no me había percatado y perenganito está desenfocado…

Y desde entonces empecé a comprender porqué ese afán de la gente de sacar cientos de fotos: la mayoría de los que hoy en día se compran una cámara digital no tienen ni la más remota idea de fotografía. Y tampoco tienen ganas de aprenderlo. Por eso, lo que compran es un aparato que, de forma totalmente automática, les proporcione recuerdos de su vida con solo apretar un botón, sin gastos adicionales al de la compra inicial del dispositivo. Y, al igual que a mí, la experiencia les enseña que, en muchos casos, las fotos no salen como ellos desearían, así que sacan multitud de ellas, con la esperanza de que sea el conjunto el que les ayude a conservar ese recuerdo. Y como tampoco tienen criterio para después poder hacer una selección capaz de contar una historia a través de la imagen, y además los “dispositivos de almacenamiento masivo” (discos duros, unidades flash, pendrives, etc.) cada día salen más baratos, acaban guardando cantidades ingentes de imágenes en su mayoría inservibles, pero que les proporciona una cierta ilusión de estar conservando sus recuerdos.

El problema mayor, del que espero no caer víctima, es que después pretenden enseñártelas.

Si alguna vez lo hago con vosotros, por favor, ser implacables conmigo.

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Asumir o Resignarse

¿Por qué decimos asumir cuando en realidad queremos decir resignarse?

Nos pasamos la vida pensando o, aún más frecuentemente, oyendo a otros decirnos que tenemos que asumir algo: al hacernos adultos tenemos que aprender a asumir las consecuencias de nuestros actos, al hacernos responsables tenemos que asumir nuestros compromisos, al hacernos mayores tenemos que asumir las limitaciones de nuestra edad…

Y acabamos dando por hecho que asumir todo tipo de cosas (hechos, ideas, valores, comportamientos o situaciones) forma parte consustancial de nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, hace poco, un amigo me hizo caer en la cuenta de que, aunque el vocablo esté plenamente integrado en nuestro lenguaje habitual, no siempre utilizamos el concepto de la manera más apropiada y, en muchas (demasiadas) ocasiones en realidad lo estamos identificando con otra idea que poco (más bien nada) tiene que ver con aquella, como es la de resignarse.

Así por ejemplo, estas navidades, enfrentada por enésima vez a esos familiares que uno no traga y que desearía que viviesen en Marte, he tenido que escuchar, una y otra vez, la famosa frase: “tienes que asumir que fulanito es así y que no puedes hacer nada…”

Pues no, señores, al menos en mi caso particular, lo que en realidad me están diciendo las bienintencionadas gentes que me aconsejan no es que tenga que asumir el hecho de que fulanito sea así, sino que en realidad lo que me están recomendando insistentemente es que me resigne a aguantarlo.

Ya sé que, últimamente, nos resistimos a hacer uso de todo aquello que suene a la gazmoñería de unos tiempos no tan pasados como para haberlos olvidado, incluido el lenguaje, y que los conceptos que eran pilares fundamentales de la estricta moral judeo-cristiana que nos impusieron de pequeños están totalmente desprestigiados. Y que quizá sea por eso por lo que palabras como resignación hayan huido casi por completo de nuestro vocabulario habitual, por su asociación a la “resignación cristiana” con la que nos fustigaron durante décadas.

Pero eso no quiere decir que los conceptos no sigan existiendo.

Porque si no puedo hacer nada para cambiar las cosas, por más que luche, y la única opción es aguantar pacientemente a ese (o esa) impresentable (o maleducado/a, o estúpido/a, o cualquiera que sea el pecado que ese otro nos impone) lo que estoy haciendo, según el significado estricto de las palabras es, simple y llanamente, resignarme a ello.

Resignarse, según el Diccionario de la Real Academia, significa “entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”, o también “conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades”, lo que viene a decir, tal y como puntualiza María Moliner que resignarse es  “conformarse con una cosa irremediable, generalmente después de haber luchado inútilmente contra ella

Y eso no tiene nada (o casi nada) que ver con el hecho de asumir  lo que el dichoso fulanito sea (o diga, o haga, o deje de decir, o deje de hacer). Porque asumir, del  latín assumere, significa (según la RAE) hacerse cargo de algo o responsabilizarse de ello, en el sentido (apuntado por Maria Moliner)  de “tomar para sí algo que supone responsabilidad o trabajo

Así que, cuando me recomiendan encarecidamente que asuma que fulanito es así (o andando), lo que me están pidiendo es que, encima, sea yo la que me haga cargo de ello, y tome para mí la responsabilidad que haga falta…

¡Pues apañados vamos!

Claro que la resignación tampoco es gratuita, y en opinión de algunos terapeutas posee un valor autodestructivo tremendo.

Por ejemplo,  Emilio Jorge Atognazza en sus escritos sobre “Parejas tormentosas” dice que “Resignarse tiene que ver con un acto de sumisión, de mansedumbre, de ceder para no causar trastornos, para evitar discusiones o peleas” y eso es exactamente lo que ocurre en esas relaciones navideñas indeseadas, en las que se me pide que asuma que “fulanito es así”. De nuevo, ese “asumir” está mal utilizado, ya que lo que me están diciendo que haga coincide exactamente con la resignación de la que habla Atognazza.

Los peligros, según este autor, vienen luego, ya que, “cuando uno se resigna no acepta realmente que el deseo propio haya sido frustrado, y por ello, la persona resignada queda adherida al objeto perdido o jamás encontrado; no puede ni siquiera entrar en la etapa de duelo por ese objeto perdido. Siempre lo añora de una manera nostálgica, y la energía de la persona queda estancada en ese objeto imposible”.

No sé yo hasta qué punto esta segunda afirmación, en la que habla de un “objeto perdido”, será igualmente aplicable a esos otros sujetos a los que yo me refiero, que lo que deseamos fervientemente es perder, aunque me identifico plenamente con el hecho de que mi energía queda total y absolutamente estancada en ese “objeto imposible” (que en mi caso sería un desintegrador de partículas que, limpia y discretamente, trasladase a fulanito al otro extremo de la galaxia).

Tampoco tengo claro la aplicación de la recomendación final del autor para la resolución del conflicto, ya que para él, la vía es la aceptación del hecho, porque “cuando asumimos la frustración de un deseo ponemos en marcha un mecanismo de reconocimiento de que la realidad ES la realidad, que permite y favorece el proceso de duelo mediante el cual uno se despide para siempre de lo que no está o no pudo ser y la energía queda liberada para iniciar otro proyecto”.

Si lo que quiere decir Atognazza es que debo aceptar la realidad de que fulanito es un completo imbécil y que yo voy a tener que aguantarlo otra vez en navidades, su recomendación no me ayuda en nada… que era imbécil ya lo sabía yo hace tiempo, y saber que voy a tener que aguantarlo es lo que me frustra y hace que se me lleven los demonios… En cuanto a lo de liberar energías para iniciar otro proyecto, casi va a ser preferible que no ocurra, no vaya y sea que me dedique a pensar en bombas lapa que puedan colocarse debajo de la cama del susodicho…

Así que, por más que no esté de moda la resignación y pese a sus potenciales consecuencias negativas, una vez más, no me queda más remedio que aplicarla. Eso sí, negándome rotundamente a asumir nada de nada.

 

REFERENCIAS CULTAS

Asumir.

Definición:

RAE

(Del lat. assum?re).

1. tr. Atraer a sí, tomar para sí.

2. tr. Hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo.

3. tr. Adquirir, tomar una forma mayor.

 

María Moliner

(del lat. “assumere”)

1 tr. *Atraer a sí.

2 Tomar para sí algo que supone responsabilidad o trabajo; como funciones, cuidado, etc.: “Asumió la dirección del negocio en momentos difíciles”. Hacerse cargo. Arrogarse, avocar, recabar, reclamar. *Admitir. *Comprometerse. *Encargarse.

3 Aceptar la realidad de una cosa negativa o que puede tener consecuencias negativas: “Debes asumirlo y seguir adelante”.

Etimología:

Del prefijo ad- (aproximación, dirección, presencia) y del verbo sumere (recibir, tomar para sí mismo). Se refiere a lo que percibimos, o sea, llevamos hacia nosotros, pero filtrado por nuestros paradigmas (entendidos como los filtros que pone nuestro cerebro a la forma en la que miramos las cosas: suposiciones, conceptos, valores y experiencia previa).

Sumere viene del prefijo sub- (bajo) y el verbo emere (tomar, comprar). La idea de sumere es la de tomar (emere) algo “por debajo de la mesa”, es decir, en secreto y para uno mismo.

Sinónimos:

aceptar, admitir, contraer, responsabilizarse, comprometerse, adjudicarse, arrogarse, apropiarse, tomar, conseguir, lograr, obtener, alcanzar

  • Antónimos: delegar, dejar, rechazar, abandonar

 

Resignación.

Definición:

RAE

1. f. Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona.

2. f. Renuncia de un beneficio eclesiástico.

3. f. Conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades.

María Moliner: resignación

1 f. Acción de resignar un cargo, etc. Resigna.

2 Acción de resignarse.

3 Cualidad o estado de resignado. Conformidad.

 

María Moliner: resignar (del lat. “resignare”, devolver)

1 (“en”) tr. Hacer alguien *entrega de la autoridad o el cargo que ejerce a otra persona, en circunstancias especiales: “El gobernador resignó el mando de la provincia en el capitán general”. *Empleo.

2 (“a, con, en”) prnl. *Conformarse con una cosa irremediable, generalmente después de haber luchado inútilmente contra ella: “No le queda más remedio que resignarse con su ceguera. Se resigna a ser el último en todas partes”. Bajar a hacer!; a lo hecho, pecho; ¡qué remedio!, ¡cómo ha de ser! *Conformarse.

 

Sinónimos:

paciencia, mansedumbre, conformidad, humildad, conformismo, acatamiento, sumisión

  • Antónimos: rebeldía, inconformismo

 

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Reinventarse a los 50

Después de algo más de un año sin decidirme a escribir ni una sola línea, aquí estoy de nuevo…

No es que me hubiera olvidado del blog sino, simplemente, que no tenía nada que decir que pudiese ser compartido en un espacio público… (aunque supongo que, con la ausencia, más que público este blog se habrá convertido en algo privado y muy privado!)

Han pasado muchas cosas en este tiempo; asuntos personales que debía resolver por mí misma… como, por ejemplo, construirme una vida nueva. Reinventarse a los 50, como reza el título de este post…

Ayer sentí la necesidad de escribir una reflexión y de compartirla. Primero la empecé a escribir en word, para mí misma. Pero al hacerlo, el tono y el lenguaje que utilicé, aunque fuera de forma inconsciente, no eran los propios de un discurso privado, sino los de algo para ser puesto en común y compartido, así que, según avanzaba en la escritura, cada vez pensaba más en el blog y en la posibilidad de colgar aquí mis reflexiones.

En cuanto terminé de escribirlo,  me puse manos a la obra: He actualizado el software del blog (obsoleto desde hace muchos meses), los plugins, las bases de datos, los estilos – que daban algún problemilla en la galería, y ya está todo listo para retomar las cosas allí donde las dejé.

Espero que haya alguien ahí fuera al que le guste y le interese lo que escribo, aunque sea después de tanto tiempo… Si es así, decirlo, que me vendrá bien saberlo.

 

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No sé cómo seguir

Meses sin tocar el blog… Meses sin acudir ni a un solo concierto… Del Festival de Jazz, actualmente en curso, ni siquiera he visto el programa…
Creo que voy a tener que “reciclarme”
De momento, hago fotos de la luna…
Luna de agosto
Y estoy comenzando a hacer alguna foto de estudio… Cuando lo tenga más claro, volveré a publicar en este blog. Mientras tanto, disculpar la ausencia
Coral

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El drama de Gaza

Hoy he recibido este link al trailer de un documental filmado en Gaza que me ha hecho llorar y estremecerme… Y eso que lo que en él se muestra solo era el principio.

No puedo poner ni añadir nada… solo invitaros a que lo miréis y lo difundáis todo lo que os sea posible.

Les cedo la palabra, y la imagen.


Erased-wiped off the map from CIES IMATGES on Vimeo.

Este es el mail y el link original de los autores

Dear friends,

This is the trailer of the documentary we shot in Gaza. We hope it is realistic perspective, an insider point of view of the only foreign camera that filmed the whole attack. Please feel free to distribute and forward widely.

http://www.wipeoffthemap.com/erased_spanish.html

Hola, este es el trailer del documental que filmamos en Gaza. Esperamos que transmita una perspectiva realista y desde dentro, a través de la única cámara extranjera que filmó el ataque en su totalidad. Podeis difundirlo y enviarlo con total libertad.

Saludos,

Alberto Arce

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La elección del fotógrafo

DESVARÍO PREVIO: ¿debería hacer dicho “de la fotógrafa”, para ser lingüisticamente correcta? Nunca sé que hacer con estas cosas. Cuando yo estudiaba gramática, el masculino servía como genérico para ambos sexos, aunque ahora parezca que está mal visto utilizarlo… Creo que la Real Academia debería tomar cartas en el asunto y eliminar de una vez por todas los indicativos de género que tiene nuestro idioma, para no tener que complicarnos tanto la vida (por ejemplo, este titular, según la corriente lingüística de lo político y socialmente correcto, debería haber sido algo así como “la elección del fotógrafo o de la fotógrafa”… lo encuentro cursi, ridículo y ¡¡¡un auténtico rollo!!!)

En el post anterior colgué una foto de Cuba para ilustrar el “cambio de aires” del blog y seleccioné y colgué otras cuantas en la galería. Al hacerlo, tuve dudas sobre qué fotos poner en la selección y estuve reflexionando un poco sobre lo que quería transmitir con mis fotos (principalmente las sensaciones e impresiones que me llevé de esa estancia) y sobre cuál era la mejor manera de hacerlo a través de la imagen.

No se trataba de una reflexión gratuita. En la misma semana en que hice la selección asistí a dos eventos relacionados con el título del post, “la elección y la interpretación de la imagen”:

En primer lugar, dentro de mi programa de doctorado, a una sesión del seminario sobre Documentación Audiovisual en la que se habló de la “lectura de las fotos e imágenes” y de las múltiples interpretaciones que pueden tener en función del contexto.

En segundo lugar, a un cine-forum en el que se vió y comentó Suite Habana, de Fernando Perez. No sé si la habéis visto (particularmente creo que si no habéis hecho no os habéis perdido gran cosa), pero se trata de una película realizada en tono “documental objetivo” (concepto en el que no creo, como más adelante os explico), que muestra 10 historias cortas de vida (un día en la vida de 10 personajes corrientes) únicamente a través de la imagen y de la música, sin utilizar ningún tipo de diálogo ni hilo narrativo evidente.

v_suite-habana

El debate se centró en la imagen de Cuba que se transmite a través de esas imágenes, en la supuesta intención del autor al escoger precisamente esas historias y esas imágenes y no otras, y en la interpretación que el espectador le da a la película y a las historias en función de su conocimiento y experiencia previa con la realidad social de la isla.

Lo que se narra en Suite Habana es, probablemente, una parte de la realidad cubana. No lo niego. Pero esa realidad no creo que sea la predominante.

Cualquiera que conozca un poco Cuba y que se haya paseado por allí con los ojos abiertos y sin demasiados prejuicios puede advertir que los personajes no son gente corriente y las historias no reflejan el modo de vida predominante en la isla. “Echo mucho en falta el Son y la música cubana, alegre y pachanguera, que forma parte de la realidad cotidiana de la gente” comentaba una de las asistentes al cine-forum. Echo en falta la alegría, la luz y la calidez de la gente que me ha rodeado cada una de las veces que he estado allí, digo yo misma.

Y eso supone la principal elección del cineasta, que nos da una visión en imágenes de solo ciertas realidades, sin tratar de hacer un panorama general. Y creo que se trata de una elección muy consciente – aunque en absoluto entro a juzgar, ni tan siquiera a imaginar sus motivos – porque podría haber mostrado cualesquiera otras historias y otros personajes, pero ha preferido centrarse en esos específicamente.

Es una película que juega a ser aparentemente neutra, pero en realidad solo es ambigua. La narración es aparentemente objetiva pero para la gran mayoría de los espectadores del “mundo occidental desarrollado” transmite un mensaje claro de tristeza, pobreza y desesperanza.

Creo que el director ha jugado con los estereotipos sobre Cuba sabiendo cómo y en qué sentido iban a influir en la interpretación que se daría a esas historias. Creo que sabía en qué medida desde fuera íbamos a tratar de hacer cuadrar esas imágenes con la idea preconcebida que ya teníamos. ¿por qué si no, casi nadie repara en que el protagonista de una de las historias, un hombre hecho y derecho, deja su profesión y su trabajo para dedicarse a cuidar a su hijo, y puede permitirse el lujo de hacerlo?, ¿quién de nosotros tendría aquí, en el “mundo desarrollado” esa posibilidad de elección?

No soy ninguna experta en Cuba, pero las impresiones y sensaciones que me traje de allí son radicalmente distintas al mundo que allí se muestra: Cuba en general y La Habana en particular representan para mí un espacio de luz, de música, de gente llena de espíritu vital y de un ambiente general colaborador y participativo.

Un ejemplo: las fotos generales de la ciudad. Son cientos de fotos las que se podrían tomar de la parte antigua de la ciudad, y son cientos también las visiones de la ciudad que tienes al contemplarla desde distintos sitios y en distintas condiciones de luz.

En la galería colgué algunas fotos con vistas generales del malecón (me encanta el malecón, está siempre tan lleno de gente y de vida que te puedes pasar horas paseando y observando sin ver dos veces la misma escena); por ejemplo, ésta. Como veréis, la corrosión debida a la constante humedad y al salitre que impregna toda la ciudad (la humedad relativa del aire supera habitualmente el 90%) , junto a la peculiar luz que había ese día le dan bastante énfasis a los edificios rotos, al descascarillado de la pintura y al aspecto “gris” de las casas.

Cuba Impressions by Coral Hernandez

Ahora, compararla con la que colgué el otro día en portada… ¿percibís las mismas impresiones de La Habana y de su famoso malecón en una y en la otra foto? ¿acaso no he tomado yo una elección, un determinado partido al elegir una y no otra?

Cuba Impressions by Coral Hernandez

Dejemos ya una vez el famoso mito de “una imagen vale más que mil palabras”. Resulta de una falsedad perversa. La “objetividad” de la imagen no existe y su interpretación depende del contexto en el que se inscribe. Y el contexto, cuando no contamos con conocimientos o experiencias personales sobre un tema, lo construimos a partir de los estereotipos que nos han transmitido otros.  En su mayoría, los estereotipos creados por las corrientes ideológicas dominantes (¡caray! como ha sonado eso… pero lo dejo…).

[Perdone el lector este tono tan filosófico que me está saliendo.  El hacer un doctorado en epistemología y fundamentos teóricos de la comunicación me está marcando. Creo que después de esta experiencia ya no voy a volver a ser la misma :) ]

En este contexto quisiera que mirarais las fotos que he colgado. Representan MI visión de fotógrafa. A vosotros os toca ahora elegir vuestra propia visión y sacar vuestras propias conclusiones.

En cualquier caso, espero que os gusten!

Acceso a la galería de imágenes de cuba

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Nuevos aires para Jazz Impressions

Imagenes del Malecón. La Habana, Cuba, 2006

Malecón de La Habana, Cuba, 2006

Como veréis, he cambiado el aspecto del blog, y estoy dudando si cambiar incluso el título.

He sufrido un serio ataque de hackers/spammers que me han bloqueado el blog durante dos días (además de robarme las cuentas de correo que tenía asociadas) y han conseguido casi volverme loca para arreglarlo.

Ya metida en el lío de rehacer el blog página por página, se me ocurrió aprovechar para darle un nuevo aire, con un nuevo diseño que espero que os guste

El cambio afectará también a los contenidos, que recogerán más cosas de esos otros proyectos no relacionados con el jazz que hasta ahora no he publicado, pero a los que voy dedicando cada día más tiempo.

Espero que os guste la nueva línea (y si no os gusta, ya sabéis que el blog está abierto a todas vuestras contribuciones, opiniones y comentarios)

Os espero!

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XXV Festival de Jazz de Madrid

Este año, el Festival ha estado repartido en varios locales. Empezaré por la sección más oficial, la del Teatro Fernán Gómez.

No he ido ni a uno solo de los conciertos.

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Como siempre en este tipo de teatros, los fotógrafos vivimos en una situación similar a la de ‘siente un pobre a su mesa’: Solo cinco minutos de un tema para sacar las fotos y después, a la calle, a no ser que hayas comprado tú una entrada de tu bolsillo para poder quedarte a ver el concierto.
Es decir, lo tuyo no es arte, ni tiene nada que ver con la expresión artística que se muestra encima del escenario. Y como es un oficio manual y al parecer, poco cualificado, no requiere ninguna preparación y se puede hacer en esos cinco primeros minutos. Obviamente, para tu trabajo no necesitas estudiar al músico, ni las luces, ni la composición, ni nada de nada. Llegas, sacas la foto y te largas con viento fresco.

Así que, como ando un poco sensible y lo que me apetece es que me mimen y me digan todo lo que valgo, pues no estaba en disposición moral de ir al susodicho teatro a que me trataran como a un borrego.

Ya al final del Festival, me apetecía bastante ver a Javier Limón, del que no tenía ni una foto, pero seguía sin ganas de pasar por el aro de los cinco minutos, así que se me ocurrió solicitar permiso para sacar fotos durante la prueba de sonido. Pensé que, ya que de todos modos no iba a ver el concierto, por lo menos tendría la oportunidad de hacer mi trabajo en mejores condiciones.

Mi ex-marido se enrolló y me gestionó el permiso. El de las luces se enrolló y me encendió los focos. Los del periódico no se enrollaron, y finalmente no las publicaron…

Lo bueno es que eso me da la oportunidad de publicar aquí el resultado de la experiencia. Encima, me gustó lo que escuche mientras duró la prueba y disfruté de una pequeña parte del espectáculo.

¿qué más podía pedir?

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Entrar en la galería y podréis ver más fotos del ensayo.

Por cierto, aproveché para probar un objetivo Nikon prestado, de los modernos con estabilizador de imagen, y ¡madre mía! ¡creo que no voy a devolverlo!

Espero que os gusten las fotos

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Y la vida (“bloggera”) sigue…

Como he estado ausente varios meses, tenía serias dudas sobre la forma en que debía poner al día mi blog. Hubo momentos en los que incluso pensé en dejarlo. Cuando finalmente decidí seguir con él, me debatía entre continuar donde lo dejé, e ir introduciendo las cosas más o menos cronológicamente, o arrancar con la actualidad y obviar los meses de ausencia.

Al final, opté por una tercera vía. Voy a recomenzar la actividad bloggera con lo más reciente, el Festival de Jazz de Madrid, pero poco a poco, en los duros y largos meses del invierno, iré colgando algunas cosillas interesantes que ví y oí este verano, para que nos recuerden esos buenos tiempos en que hacía calor y andábamos todos pensando en las vacaciones.

Espero que os sigan entreteniendo mis fotos y mis comentarios y ya sabéis que acepto gustosa cualquier contribución que hagáis

¡No os cortéis!

Coral

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